En el 2002, Marylin Manson presento en Los Ángeles California una exposición de pinturas creadas por el mismo llamada “La era dorada de lo grotesco”. No estoy seguro de que tomo como referencia para elegir a la dimensión tiempo y que escala imagino para otorgarle a “era” una cantidad de tiempo definida.
Pero lo que si estoy seguro es que Brian Hugh Warner se inspiro en los hechos vistos hasta esa época, causantes del adjetivo colocado.
Alejada de lo natural poco humana y muy influenciada la primera mitad de la primera década del siglo 21. Solo sería el preámbulo de lo que sería el inicio de la segunda mitad y el inicio de la década de los dieses.
El problema no es que una sociedad sea de un estilo o de otro, en un punto del tiempo, el problema es cuando ese estilo la llega a minar en lugar evolucionar, pero sobre todo lo lleva a la simpleza sin fundamentos al escaso raciocinio y al borreguismo mediático empiezan a surgir distanciamientos graves entre los mismos miembros de la sociedad, distanciamientos circunstanciales que inhiben la función aglomerada que en buena forma permite el buen funcionamiento dirigido hacía la prosperidad completa de la especie desde el punto de vista espiritual hasta el punto de vista tecnológico. Conservando la conciliación interpersonal y la cooperación común.
Distractores hay miles, Lo que no se entiende muy bien es él porque hay bastas diferencias biológicas y sociales entre individuos que forman parte del común. Esas diferencias basadas en experiencias, genética, forma de vida o como se le quiera llamar, genera usualmente dolor, fantasmas, desesperación y finalmente miedo lo que trae como consecuencia distanciamiento.
Distanciamiento que causa perdida de unión generadora de prosperidad. Esa es la realidad de la sociedad en la actualidad; Desunión.
No creo que nadie sepa explicar exactamente en qué momento ocurrió. Quién o qué fue lo que propicio esta forma de vida. Lo que es un hecho es que los mismos miembros somos los culpables de que estemos en donde estamos.
Aunque más que una culpabilidad podría verse como una sentencia a la ineficacia, al desinterés de las partes de la sociedad que entienden que el camino actual no tendrá un final adecuado ni prospero. Si el común no puede lidiar con eso, el final es anunciado.
La vida actual llena de oportunismos y capacidades funcionales ligadas a herencias totalitarias y llenas de desequilibrio en la obtención de oportunidades. Gratifica al circunstancialmente superior la mayoría de las veces.
No se puede despertar, no se puede cambiar el destino si no es con preparación, con fuerza y tenacidad que garanticé el éxito. Se quiere triunfar sin preparación se es conformista con victorias improvisadas momentáneas que zacean al espíritu con trofeos de agua.
Si no hay un plan, una estructura que contenga un camino para retomar al particular o al general por la senda de lo acercado a lo natural y a la unión jamás se obtendrá una estabilidad espiritual general que supla con la energía necesaria al motor de prosperidad.
Los individuos que deseen la transformación social necesitan salir de vicios creados por gente entusiasta del control. Además de librarse de cadenas espirituales que le impiden pensar con claridad.
Dejar de creer en imágenes absurdas que ofrecen satisfacciones mezquinas que están fuera de la naturalidad de la prosperidad. Dejar de ser nulos.
Ver desde el punto general y no del particular es hoy en día quizá el primer objetivo para levantar el proceso de transformación o revolución social.
La generalidad del común no la generalidad del particular.
Esa es la tarea.
No hay comentarios:
Publicar un comentario